miércoles 25 de enero de 2012

Las leyes que penalizan el aborto son inmorales

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-186025-2012-01-23.html

domingo 4 de septiembre de 2011

SON NECESARIAS LAS RELIGIONES?


ENLACES PARA VER Y ESCUCHAR: EL DEBATE de Adrian Paenza

http://youtu.be/XDkfCYOI21E 15 MINUTOS(1)

http://youtu.be/SMoJSqrICxg 15 MINUTOS(2)

http://youtu.be/yJImpjrGwEg 23 minutos(3)

http://youtu.be/ZLbFt0SdWts 5 MINUTOS(4)

http://youtu.be/7BjvbX4_m1A LA HORA COMPLETA

jueves 17 de marzo de 2011

SANTA FE, UN ESTADO LAICO propuesta de Ateos Rosario y Dip.A.Gutierrez SI Santa Fe

Rosario 12.Sábado, 12 de junio de 2010

Iniciativa de la Asociación Civil de Ateos de Rosario
Santa Fe, un estado laico
La Cámara de Diputados aprobó por mayoría el proyecto de declaración que reclama una reforma constitucional para promover en Santa Fe "la libertad religiosa y una provincia laica", como ya existe en Neuquén, Río Negro y Santa Cruz.
http://www.pagina12.com.ar/fotos/thumb/232/rosario/20100612/notas_o/04a.jpg

La iniciativa fue presentada por la diputada provincial del SI, Alicia Gutiérrez.
La Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe, con el apoyo del Frente Progresista y la oposición del Partido Justicialista, aprobó el Proyecto de Declaración que reclama una Reforma Constitucional para promover en Santa Fe "la libertad religiosa y una provincia laica". Esta propuesta parte de la Asociación Rosario Atea que se encuentra juntando firmas con ese objetivo. "Una ley suprema no debe priorizar, ni solventar las instituciones religiosas existentes en nuestro territorio provincial", dijo la diputada del SI, Alicia Gutiérrez.

La Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe declaró "de interés la campaña de recolección de firmas llevada a cabo por la delegación Rosario de ArgAtea (Asociación Civil de Ateos en Argentina) donde instan a los legisladores de Santa Fe a promover una reforma constitucional que, entre otras medidas, consagre la reforma del artículo 3º de la Constitución de nuestra provincia, en el marco de la lucha por las reivindicaciones del Derecho a la Libertad Religiosa y por una provincia laica".

La iniciativa fue presentada por la diputada provincial del Partido SI en Frente Progresista, quien sostuvo: "Desde hace años ha sido sujeto de debates y controversias en la sociedad santafesina el derecho a la libertad religiosa y el laicismo de Estado. Repasando la historia, ya en 1921 la Convención Constituyente había sancionado una constitución provincial que declaraba el Laicismo en el estado. Lamentablemente fue derogada por el gobernador Mosca ese mismo año".

"En la década de 1930 -recordó Gutiérrez- uno de los gobernadores más progresistas de nuestra historia provincial, Luciano Molinas, retomó e impuso su aplicación en nuestro territorio provincial. A medida que los gobiernos fraudulentos de la Republica Conservadora se imponían en nuestro país, la provincia fue intervenida y la Constitución fue derogada beneficiando a las huestes católicas".

"En la actualidad nuestra constitución, anacrónicamente en su artículo 3º 'declara que la religión de la provincia es la Católica, Apostólica y Romana, a la que le prestará su protección más decidida, sin perjuicio de la libertad religiosa que gozan sus habitantes', y sin detenernos en las causas históricas que llevaron a la incorporación de este artículo durante la última convención, es nuestro deber sentar las bases de una futura reforma a nuestra carta magna. Esta se encuentra desactualizada, siendo la más vieja del país, en cuestiones que no solamente hacen al laicismo, sino también a la falta de Derechos de Tercera generación".

"Considero que es imprescindible proteger la diversidad cultural, religiosa e ideológica y el pleno ejercicio de todos los derechos humanos, políticos, económicos, sociales y culturales. Las creencias y prácticas religiosas son absolutamente relacionadas con la privacidad de las personas y no de incumbencia del Estado, por lo tanto quienes pagamos nuestros impuestos no debemos solventar instituciones privadas de índole religiosa", agregó.

"Esta campaña es uno de los pasos que se vienen dando en la sociedad civil para instalar este debate en la sociedad y sus representantes, sobre esta deuda que tenemos como legisladores de brindarle a todos y a todas, una ley suprema que pueda asegurar una protección más moderna a sus ciudadanos y en especial no priorizar, ni solventar ni avalar, ninguna de las instituciones religiosas existentes en nuestro territorio provincial", remarcó la legisladora.

"El objetivo es que Santa Fe se transforme, como otras provincias tales como Neuquén, Río Negro y Santa Cruz, en un Estado laico", concluyó.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/rosario/9-23976-2010-06-12.html

Por una Constitución Laica en la Provincia de Santa Fe
Petitorio para impedir que ninguna religión o creencia tenga privilegios de ningún tipo en detrimento de otras y conseguir la separación de la Iglesia y el Estado, en un marco de absoluto respeto y tolerancia por la libertad religiosa y los valores laicos en nuestra sociedad.

Solicitamos a las autoridades y representantes impulsar las acciones necesarias para la reforma de la Constitución de la Provincia de Santa Fe, derogando su artículo 3: "La religión de la Provincia es la Católica, Apostólica y Romana, a la que le prestará su protección más decidida, sin perjuicio de la libertad religiosa que gozan sus habitantes".

http://argatea.com.ar/content/view/64/90/

viernes 26 de noviembre de 2010

MUJERES DE POCA FE

Mujeres de poca fe
Doria Lamus Canavate

En la cultura popular del medioevo europeo reinaban demonios y brujas. Ellas, las mujeres, poseedoras de un legado de conocimientos preservados desde la antigüedad por la tradición oral, fueron reprimidas y sus saberes menospreciados –cosas de mujeres– y en el mejor de los casos satanizados, literalmente afiliados con el demonio.

Se trataba de aquellos antiquísimos dominios en que las mujeres, por su rol histórico de cuidadoras, aprendían y transmitían a sus herederas: plantas medicinales, remedios para todos los males del cuerpo y del alma, perfumes, pero también bebedizos, venenos, hechizos, adivinaciones. Esos saberes y sus portadoras, las mujeres, pasaron a ser temidos y reprimidos.

Brujas, pérfidas, maléficas…

La Santa Inquisición instauró entonces la caza de brujas, un sistema aprobado por Inocencio VIII, bajo el cual entre los siglos XIV y XVIII se reprimió principalmente a las brujas, "por ser más crédulas, más impresionables" y porque, además, "tienen una lengua ligera y mentirosa" y lo que aprenden se lo cuentan rápidamente a las otras. Esto está citado en un antiguo libro de Kraemer y Sprenger, llamado El martillo de las brujas, escrito en el siglo XIV. Aquellos eran tiempo de hambre y enfermedad y las mujeres tenían muy pocas opciones: hija, esposa, monja, beata o bruja. Beatas y brujas constituían la resistencia de entonces; se negaban a ser definidas y limitadas por un poder externo a ellas, masculino, patriarcal, diríamos hoy.

Dice El martillo de las brujas: “Por naturaleza tiene la mujer una fe más débil… lo demuestra incluso la etimología del nombre: Fe-mina que viene de ‘fe’ y ‘minus’ porque siempre ha tenido menor fe”.

Fémina, bruja, pérfida.

En la actualidad, hay quienes todavía se preguntan por la pertinencia de las reivindicaciones de las mujeres acerca de sus derechos, cuando las mujeres han copado casi todos los espacios en la sociedad. Tal vez no han sido informados que, hasta hace muy poco tiempo las instituciones más importantes de la modernidad (iglesia, ciencia, derecho, filosofía) negaron a las mujeres pensamiento, palabra y cuerpo. La ciencia moderna la llamó histérica y medicalizó su mente, su cuerpo y su lenguaje.

Hoy, algo de aquellos mitos medievales sobrevive en los temores que muchas personas sienten por los movimientos de mujeres que demandan derechos políticos, respeto y autonomía sobre sus cuerpos. Sin embargo algunas cosas han cambiado y estamos mejor que las iraníes sometidas a la lapidación. O las indias que, como en un reciente caso, una de ellas prefirió cambiar de sexo que someterse a un matrimonio definido por su padre. No podemos conformarnos con esto. Muchas mujeres jóvenes y niñas son hoy violentadas de las formas más viles y abominables. Por ello, no renunciaremos a la palabra.

Brujas, pérfidas, herejes, feministas…

Doris Lamus Canavate
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Doris Lamus Canavate
IEP - UNAB

viernes 19 de noviembre de 2010

LA INQUISICIÓN ESTÁ (en apoyo a la diputada Alicia Gutiérrez escrachada por INTOLERANTES al presentar proyecto de Retirar imagenes religiosas del ámbito público)

Selección de nota sobre mas de un centenar de apoyos a la diputada y al Partido SI Santa Fe, manifestados por mails, notas, mensajes de texto y en el facebook Partido SI Santa Fe.Mas detalles ver en el blog:http://partidosisantafe.blogspot.com/

LA INQUISICION ESTÁ

Y tanto es así que ayer nomás emprendió cruzada contra un local del Partido SI, en la Ciudad de Santa Fe. Las noticias nos informan que un grupo cuyos componentes no fueron identificados, decidió sin consultar a sus ocupantes, poner un poco de onda en el austero frente al cual decoraron con símbolos religiosos y frases insultantes para con la diputada Alicia Gutiérrez. . Con el fin, especulamos, de infundirles el santo temor a dios en especial a la representante y a todos en general que osen apartarse del camino celestial… Nos parece.

Seguramente esta acción purificadora tendrá otras finalidades como agradar a la divinidad con un acto a su servicio, agradar a sus representantes en la tierra, recibir alguna recompensa. La forma de manifestarlo nos demuestra que el Tribunal del Santo Oficio no es una institución que haya desaparecido, que va, he aquí a sus representantes.

Le han cambiado el nombre que resulta de siniestras resonancias históricas Pero su esencia permanece y se los ve activos a los mismos. A quienes, deducimos, les resulta insoportable admitir, como la Constitución de la Nación Argentina lo impone, la libertad de conciencia, la igualdad de creyentes y no creyentes, y en consecuencia, que se retiren los símbolos de una religión de los espacios públicos. No lo permita Dios, para impedirlo estamos, han dicho mientras se persignaban y aprontaban sus enseres para la ocasión.

-Sombras. Obscuridad de pensamientos. Y desde espesos cortinados se deslizan los fanáticos. . Siempre en las sombras que son las de su pensamiento. Y donde también estarán los que instigan y arman este vandalismo grosero. No han tomado noticia que para nuestra sociedad es también este, el “El Tiempo de los Derechos “como califico acertadamente el juris filosofo Norberto Bobbio a esta época de Derechos Humanos.

–Y porque estamos legitimados por este tiempo y por nuestro derecho positivo vigente, no queremos que esa simbología nos haga sentir en una categoría distinta cuando entramos a un despacho de alguno de los tres poderes.

Y si, de poder se trata. Los autores mediatos e inmediatos, de tales actos y diatribas siguen creyendo que su poder esta por encima de los que a sociedad organiza para su gobierno. Por lo tanto les resulta natural que estos poderes terrenales exhiban la marca de su pertenencia a ese otro poder, del mas allá. O de quien sabe donde. Si se retiran esas marcas del poder absoluto y extraterrenal, dejara de ser precisamente eso. Y el poder no es una deidad ni un ángel del cielo… Implica privilegios. Esta vez terrenales. De ahí la fiereza, la intemperancia. .

Para nosotros la presencia de esos símbolos en un lugar, nos advierte que ese lugar es de la institución religiosa. Y si no pertenecemos no es nuestro. Siendo una oficina pública. Dividen. Discriminan en definitiva. Y eso no debemos admitirlo de un Estado para todos.

Esa exhibición de profesar una religión que nos adelanta el juez, el funcionario, el empleado, es innecesaria. Para quienes no profesamos ninguna interpretación religiosa de la historia de la humanidad, nos resulta casi agresivo el despacho surcado por collares religiosos, las estampas aquí y allá. Cual será el mecanismo psicológico que los justifica, lo ignoramos. .

Intentamos ponernos dentro de esas mentes que perpetraron el ataque. O de quienes lo instigaron. Vemos una hoguera Vemos al encapuchado elevando sus pálidas manos al cielo, ofreciendo cambiar fuego por horca si el insurrecto abjura.

O nos trasladamos hasta una mesa de suplicio donde la imaginación humana se ha desplegado en la ingeniosa búsqueda de métodos de confesión Y allí el gran inquisidor se asoma con el crucifico. El mismo que pintaron en las paredes del local. Acotamos que en esto de la confesión y tortura, un verdadero pionero en este tema resultó el Tribunal a la luz de nuestra propia historia.

Dentro de la comunidad católica, seguramente habrá muchos que repudian este accionar.

La obligada veneración de imágenes de un culto en un recinto adonde debemos acudir para nuestros tramites ciudadanos:Tribunales, Registros, Cajas Profesionales, para poner algunos ejemplos que resultan de nuestra experiencia - implica una imposición antijurídica, a esta altura de la evolución del derecho. ,

Algunos argumentarán que esa simbología les conforta en su menester, digamos un acompañamiento “espiritual “. .

Entonces que rara manera de imponer ese “servicio celestial.

El proyecto de retirar todo símbolo religioso de los espacios públicos menos cementerios, hospitales y lugares de similares funciones –es el resultado de un quehacer colectivo que se ha concretado en la labor parlamentaria de nuestra representante.



Los que desde diversos lugares estamos impulsando este proyecto nos solidarizamos con la diputada Alicia Gutiérrez y también con la vicegobernadora, a quien incluyeron en el recorrido

Vandálico. . Y asumimos que la agresión ha sido para todos.

En cuanto a esos fanáticos, es el tiempo del desprecio.

ANA MARIA de BENITO

Docente de la UNR

Imagenes del local Partido SI Santa Fe pintado por fanaticos religiosos, opositores al proyecto de la diputada del SI, para retirar imagenes religiosas del ámbito público


viernes 8 de octubre de 2010

Para Dawkins, Ratzinger «es un enemigo de la humanidad»

Para Dawkins, Ratzinger «es un enemigo de la humanidad»

© Richard Dawkins
Traducción de Anahí Seri

Discurso pronunciado con motivo de la visita del Papa al Reino Unido y publicado en The Guardian.

¿Debería Joseph Ratzinger haber sido recibido con la pompa y ceremonia que merece un jefe de Estado? No. Como ha mostrado Geoffrey Robertson, la pretensión de la Santa Sede de ser considerada como estado soberano se basa en un pacto fáustico por el cual Benito Mussolini entregó 3 kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de que la Iglesia apoyara su régimen fascista. Nuestro gobierno aprovechó la ocasión de la visita del Papa para anunciar su intención de «hacer la obra del Señor». Como señaló un amigo mío, presumiblemente deberíamos esperar una inminente entrega de Hyde Park al Vaticano, para cerrar el trato.
Entonces, ¿se debería haber recibido a Ratzinger como cabeza de una Iglesia? Desde luego que si los católicos, como individuos, quieren pasar por alto sus muchas transgresiones y extenderle una alfombra roja para que la pisen sus elegantes zapatos rojos, muy bien. Pero que no nos pidan a los demás que paguemos por ello. Que no se le pida al contribuyente británico que subvencione la misión propagandística de una institución cuya riqueza se mide en decenas de miles de millones; una riqueza a la cual el adjetivo «mal habida» le viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectáculo nauseabundo de la Reina, el Duque de Edimburgo y los diversos tenientes y demás dignatarios deshaciéndose en adulaciones y lisonjas como si se tratara de alguien a quien debiéramos respetar.
Al predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, algunos lo respetaban como hombre virtuoso. Pero nadie podrá calificar a Benedicto XVI de virtuoso sin que le dé la risa. Este individuo de mirada lasciva será cualquier cosa, pero no es virtuoso. ¿Es un intelectual? ¿Un erudito? Eso se afirma con frecuencia, pero no está nada claro qué significa erudición cuando se trata de teología. Nada respetable, desde luego.
El pequeño detalle desafortunado de que Ratzinger estuviera en las juventudes hitlerianas ha sido objeto de una moratoria ampliamente respetada. Yo también la he respetado, hasta el momento. Pero después del escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que hizo al ateísmo responsable de Adolf Hitler, no puedo evitar la sensación de que ya todo vale en este combate. ¿Oyeron ustedes lo que dijo?

«Incluso en nuestra propia generación, podemos recordar como Gran Bretaña y sus líderes se enfrentaron a la tiranía nazi que pretendía erradicar a Dios de la sociedad y le negaba a muchos la naturaleza humana, especialmente a los judíos . . . Es aleccionador reflexionar sobre el extremismo ateo del siglo XX . . . ».

Es como para cuestionarse las dotes de relaciones públicas de los asesores que dieron por bueno ese párrafo. Pero claro, se me olvidaba, su asesor jefe es ese cardenal que echa un vistazo a los funcionarios de inmigración en Heathrow y llega a la conclusión de que debe haber aterrizado en el Tercer Mundo. Al pobre hombre sin duda le prescribieron una arroba de ave marías, además de su repentino ataque de gota diplomática.
En un primer momento me sentí molesto por el miserable ataque del Papa a los ateos y laicistas, pero luego lo vi como reconfortante. Sugiere que los hemos sacudido tanto que se ven obligados a insultarnos, en un desesperado intento por desviar la atención del escándalo de la pederastia.
Probablemente sería mucho pedir el esperar que Ratzinger, a los 14 años, hubiera calado a los nazis. Como católico devoto, le habrían inculcado, junto con el catecismo, la execrable idea de que todos los judíos son responsables de la muerte de Jesús, la calumnia de los asesinos de Cristo que no fue repudiada hasta el Segundo Concilio Vaticano (1962-1965). La mentalidad católica alemana de la época aún estaba empapada del antisemitismo de siglos.
Hitler era católico. O en cualquier caso igual de católico que los 5 millones de personas de este país considerados católicos. Hitler nunca renunció a la fe bautismal católica, y ese sin duda es el criterio en que se basa el recuento de los supuestos 5 millones de británicos católicos. O una cosa o la otra. O bien tenemos a 5 millones de británicos católicos, y entonces también tenemos a Hitler. O bien Hitler no era católico, y entonces hay que dar una cifra honrada del número de auténticos católicos en Gran Bretaña a día de hoy; el número de los que realmente creen que Jesús se convierte en una oblea, como probablemente cree el ex profesor universitario Ratzinger.
En cualquier caso, es seguro que Hitler no era ateo. En 1933 afirmó que había «erradicado el ateísmo», tras prohibir la mayoría de las organizaciones ateas alemanas, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio convirtió en una oficina de información para asuntos eclesiásticos.
Como mínimo, Hitler creía en una «Providencia» personificada, probablemente similar a la Divina Providencia invocada por el arzobispo de Munich en 1939, cuando Hitler salió indemne de un intento de asesinato y el arzobispo ordenó un Te Deum especial en la catedral de Munich: «Para dar gracias a la Divina Providencia en el nombre de la archidiócesis por la afortunada escapatoria del Führer».
Tal vez nunca lleguemos a saber si Hitler identificaba su «Providencia» con el Dios del cardenal. Pero no cabe duda de que conocía a su electorado, mayoritariamente cristiano, los millones de buenos cristianos alemanes que llevaban en sus hebillas la inscripción «Gott mit uns» («Dios con nosotros»), los que le hicieron a él el trabajo sucio. El conocía la base que le apoyaba. Hitler seguro que «hizo la obra del Señor». Lo que sigue es un extracto del discurso que dio en Munich, el corazón de la Baviera católica, en 1922:

«Mis sentimientos como católico me dirigen hacia mi Señor y Salvador como un luchador. Me llevan a un hombre que una vez, en su soledad, rodeado por unos cuantos discípulos, reconoció a estos judíos como lo que eran e hizo un llamamiento a los hombres para que lucharan contra ellos, un hombre que, es la verdad divina, sobresalió más como luchador que como persona que sufre. Pleno de amor como cristiano y como hombre, leí el pasaje que nos narra cómo el Señor al final se creció en su poder y expulsó del templo a las víboras. Qué terrible fue su lucha contra el veneno judío. Hoy, 2000 años después, con honda emoción, reconozco con mayor profundidad que nunca jamás que fue por esto por lo que Él vertió su sangre en la cruz».



Este no es más que uno de los muchos discursos y pasajes de Mein Kampf en los que Hitler invoca su fe cristiana. No es pues de extrañar que fuera tan bien recibido por la jerarquía católica de Alemania. Y el predecesor de Benedicto, Pío XII, no está libre de culpa, como demostró el escritor católico John Cornwell en su desolador libro Hitler’s Pope (El Papa de Hitler).
Sería poco amable insistir más en este punto, pero el discurso de Ratzinger el jueves pasado en Edimburgo fue tan ignominioso, tan hipócrita, tan evocador de quien tira piedras sobre su tejado, que me sentí obligado a responderle.


Incluso si Hitler hubiera sido ateo (como lo fue sin duda Stalin), ¿cómo se atreve Ratzinger a sugerir que el ateísmo guarda relación con sus terribles crímenes? No, no hay relación alguna, como tampoco están relacionados con el hecho de que ni Hitler ni Stalin creyeran en duendes ni en unicornios. Tampoco tiene nada que ver que llevaran bigote, al igual que Francisco Franco y Saddam Hussein. No hay ninguna conexión lógica entre el ateísmo y la maldad.
A menos, claro está, que uno esté inmerso en la vil obscenidad que constituye el núcleo de la teología católica. Me estoy refiriendo (y le debo este punto a Paula Kirby) a la doctrina del pecado original. Estas personas creen, y se lo enseñan a los niños pequeños, al mismo tiempo que les hablan de las aterradoras mentiras del infierno, que todos los bebés nacen «en pecado». Se trata, por cierto, del pecado de Adán; de ese Adán que, según admiten ahora, jamás existió.
El pecado original significa que, desde el momento de nuestro nacimiento, somos malvados, corruptos, estamos condenados. A menos que creamos en su Dios. O a menos que nos cuelen lo del palo del infierno y la zanahoria del cielo. Esta, señoras y caballeros, es la repugnante teoría que les lleva a concluir que fue el ateísmo lo que convirtió en monstruos a Hitler y Stalin. Todos somos monstruos salvo que Jesús nos redima. Que teoría más vil, depravada, inhumana en la que basar nuestra vida.
Ratzinger es un enemigo de la humanidad.
Es un enemigo de los niños, de cuyos cuerpos ha permitido que se abuse, y cuyas mentes él ha animado a infectar de culpabilidad. Es vergonzosamente patente que la Iglesia está menos preocupada por proteger a los cuerpos de los niños de quienes abusan de ellos que por salvar a los sacerdotes del infierno; y lo que más le preocupa es salvar la reputación a largo plazo de la propia Iglesia.
Es un enemigo de los homosexuales, a quienes trata con la intolerancia fanática que la Iglesia antes reservaba para los judíos.
Es un enemigo de las mujeres, a quienes mantiene alejadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para el ejercicio de los deberes pastorales. ¿A qué otro patrón se le permite una discriminación en razón del sexo cuando se trata de un empleo que es evidente que no requiere ni fuerza física ni ninguna otra cualidad que pudiera atribuirse en exclusiva a los varones?
Es un enemigo de la verdad, difundiendo mentiras flagrantes como que los preservativos no protegen del SIDA, especialmente en África.
Es un enemigo de los más pobres del planeta, a quienes condena a tener grandes familias que no pueden alimentar, manteniéndolos así esclavos de la pobreza perpetua. Una pobreza que encaja mal con la obscena riqueza del Vaticano
Es un enemigo de la ciencia, pues pone impedimentos a la investigación con células madre, basándose, no en cuestiones morales, sino en supersticiones pre científicas.
A un nivel menos serio, desde mi punto de vista, Ratzinger incluso es enemigo de la propia Iglesia de la Reina, pues respalda de forma arrogante a un predecesor que calificó las órdenes anglicanas como «absolutamente inválidas y totalmente vacuas», a la vez que intenta, descaradamente, arrebatarle curas anglicanos para reforzar su propio clero, en penoso declive.
Por último, y lo que a mí personalmente quizá me preocupe más, es un enemigo de la educación. Dejando de lado el daño psicológico de por vida, causado por la culpabilidad y el miedo, que tan mala fama le ha dado a la educación católica en todo el mundo, él y su Iglesia promueven la doctrina, perniciosa para la educación, de que la evidencia representa una base menos fiable para la creencia que la fe, la tradición, la revelación y la autoridad– su autoridad.

Etiquetas: Ateísmo, Cristianismo

publicado por Fernando G. Toledo
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